Inicio

Mi padre y mi novia le gustan darse bien

Comentarios (2)

  La verdad es que esta es una situación extraña y que todavía no he digerido demasiado bien. Yo siempre había pensado que todas esas historias que se ven por Internet son muy exageradas y que no pasaban nunca o casi nunca en la vida real. Pero hace unos veinte días me di cuenta de lo equivocado que estaba.

 Bueno, antes de empezar la historia en sí, voy a contaros un poco cómo somos y esas cosas. Yo me llamo José y tengo 27 años, mido 1,85 y hago deporte de vez en cuanto, no soy ningún adonis. Mi novia se llama Irene y tiene 26 años, es muy guapa, mide 1,75, pelo moreno tirando a castaño, con una 96 de pecho. Es simpática, divertida, suele vestir bastante provocativa y es bastante activa en la cama. Una de las cosas que más llaman la atención de ella es lo blanca que tiene la piel. Es muy difícil que se ponga morena y en verano apenas coge "color". Nosotros llevamos ya juntos casi dos y tenemos planes de boda, pero por motivo de estudio y trabajo no veo a mis padres casi nunca y en las últimas Navidades Irene no pudo venir a conocerlos.

 Sin embargo, hace cosa de un mes y medio mis padres me llamaron. Era el cumpleaños de mi padre, 49 años, y querían que los fuéramos a visitar para celebrarlo y, de camino, conocer a Irene. La idea me pareció buena, pero lo malo era la fecha, ya que a mediados de Mayo era difícil conseguir algunos días de descanso. Irene podía, ya que ahora mismo no trabaja, pero yo iba a tener que andar pidiendo favores que después tendría que pagar, seguramente, en verano. Aún así conseguí cambiarme con algunos compañeros y use algunos días que tenía y al final conseguí 6 días (de miércoles a lunes). Irene estaba contenta, ya que quería conocer a mis padres. El martes, se dedicó a preparar las maletas y el miércoles por la mañana cogimos el coche y nos pusimos en marcha. Durante el camino fuimos escuchando música, hablando, etc.

 Irene: Bueno, por fin voy a ver a tus padres. ¿Crees que les caeré bien?
 Yo: ¡Seguro!, no te preocupes.
 Irene: ¿Hay algo que deba saber para no meter la pata?
 Yo: No, no que yo sepa. Mi padre trabaja como cerrajero y es bastante de pueblo. Mi madre es más de ciudad.
 Irene: ¿Padre cerrajero y de pueblo? ¿Quieres decir que es muy "cerrado"?
 Yo: Bueno, un poco.
 Irene: -mirando por la ventanilla- Ya falta poco.
 Yo: No. Queda un poco más. Mis padres no están en la ciudad, están en una casa de campo de mi tío. Mi tío tiene un huerto y animales, pero como no suele estar, mi padre va y les da de comer y esas cosas.

 Seguimos durante casi una hora más hasta que llegamos. Mi madre salió a recibirnos. Estaba tan guapa como siempre (mi madre se llama Isabel y tiene 48, se conserva muy bien y con el arreglo de pecho había ganado mucho).

 María: ¡Hola! ¿Cómo estáis? ¿Habéis hecho un buen viaje?
 Yo: Sí mamá.
 Isabel: Ven y dame un beso.
 Yo: Voy –me acerque y le di dos besos-. Bueno quiero presentarte a…
 Isabel: Irene. ¡Hola! Vaya, mi hijo no mentía. Eres muy guapa.
 Irene: Muchas gracias, usted también está muy bien.
 Isabel: Gracias, hija. Aunque – cogiéndose las tetas – ya me he hecho un par de arreglitos.
 Irene: ¿En serio? Pues no se nota.
 Isabel: Gracias y, por cierto, no me hables de usted. Me hace sentir más mayor de lo que soy.
 Irene: Lo que usted diga.
 Isabel: ¿Otra vez?
 Irene: Perdón.
 Isabel: Venid. Pasad dentro. José aparca el coche bien, no lo dejes aquí en medio.

 Mi madre e Irene entraron dentro mientras yo aparcaba el coche. Mi madre siempre ha sido muy simpática y creo que la primera impresión fue buena. Además el comentario de las tetas creo que rompió el hielo. Cuando entré dentro, mi madre le estaba enseñando la casa a Irene, así que me fui al salón y me senté a esperar. Al poco mi padre entró (mi padre tiene 49, es alto, delgado y fuerte; fruto de estar de un lado para otro junto con el ejercicio del campo y una genética buena).

 Pedro: ¡Isabel! ¡Isabel! Me ha parecido escuchar… ¡Hombre! ¿Cómo estás? ¡Me alegro de verte! ¿Llevas mucho tiempo aquí?
Yo: Bien, estoy bien. Llevo 10 minutos.
Pedro: ¿Y tú madre? Mira que no avisarme.

 En ese momento entraron Irene y mi madre en el salón.

 Isabel: No te he avisado porque estabas con los caballos dándoles la comida.
 Pedro: Pero podrías haberme avisado – mirando a Irene – Tú debes de ser Irene, ¿verdad?
 Irene: Así es. Encantada de conocerle.
 Pedro: Vaya, vaya. Creo que te quedaste corto. Tu novia es espectacular. Muy guapa, aunque deberías tomas un poco el sol.
 Irene: Muchas gracias, pero lo del sol no tiene arreglo. Soy de piel blanca y por mucho sol que tome no me pongo morena. Los médicos dicen que tengo poca melanina o algo así.
 Pedro: Bueno, no pasa nada. Negra o blanca eres preciosa. Pero estas muy tapada – mirándome a mi – ¿no le has dicho a tu novia el calor que hace en Andalucía a estas alturas de Mayo? ¿El frío del norte te borra las neuronas?
 Yo: No es eso. Es que allí hacía frío y bueno.
 Isabel: ¿La ropa que traéis es de abrigo?
 Irene: No es de abrigo, traigo algo de verano. ¿Cuántos grados hace?
 Pedro: Hace treinta y tantos. Si fuera tú me quitaría ese chándal o te vas a poner a sudar.

 Nos fuimos a la habitación que nos habían preparado, que era la misma en la que me quedaba de pequeño pero con la cama cambiada. Nos cambiamos y bajamos. Durante el almuerzo estuvimos hablando, contándoles como nos conocimos, etc. Ellos querían saber cómo era Irene, sus gustos, su familia y esas cosas. Tras una comida bastante buena y copiosa nos fuimos a dormir la siesta (entre el viaje, levantarse temprano, la comida y el calor era casi obligación. Tras la siesta, nos levantamos y nos duchamos. Mi madre dijo que íbamos a ir a cenar a casa de unos vecinos. Los vecinos eran Sofía y Luís. Ambos tres o cuatro años más jóvenes que mis padres y de bastante parecido físico. La cena fue bien y después vimos una película. Luego volvimos a casa y nos acostamos.

 La verdad es que ese día no paso nada a destacar, solo el que Irene se llevaba muy bien con mis padres, sobre todo con mi padre; pero nada fuera de la normal. A la mañana siguiente nos levantamos y cuando estábamos desayunando llegó mi padre.

 Pedro: Buenos días, ¿habéis dormido bien?
 Irene: Sí, gracias. Es muy cómoda esa cama.
 Pedro: Es que el colchón es nuevo, lo estáis estrenando. José, necesito que te vengas conmigo para ayudarme con las herraduras de un caballo.
 Yo: Vale, pero…
 Isabel: No te preocupes. Ella se viene conmigo a la piscina de Sofía – en tono de broma – a ver si coge el moreno, jajaja.
 Irene: Pero no he traído biquini.
 Isabel: No te preocupes, ya se nos ocurrirá algo.

 Yo me fui con mi padre y ellas se fueron a la piscina. Tras casi dos horas de idas y venidas y de hacer algo más que herrar al caballo, por fin terminamos. Estábamos sudados y, tras una ducha rápida y ponernos un bañador (mi padre me dejó uno), nos fuimos a casa de Sofía. Y al llegar me llevé una pequeña sorpresa, ¡estaban las tres desnudas tomando el sol en unas tumbonas! Me sorprendió, aunque no mucho. Mis padres eran nudistas y les gustaba ir a playas nudistas, incluso les había acompañado varias veces; y a Irene le gustaba y en alguna ocasión lo habíamos hecho.

 Pedro: ¡Vaya tela! – haciendo una reverencia – señoras, a sus pies. Irene, todo lo que dije ayer me parece poco. ¡Estás increíble! ¿De quién ha sido la idea?
 Isabel: Pues ya ves. Como ella no tenía bañador estábamos buscando uno, pero salió el tema del nudismo y ella dijo que también lo hacía y, ya ves.

 La verdad es que Irene estaba increíble. Tumbada, desnuda, con las gafas de sol, sin ningún pelo (solo en la cabeza) y con su piel blanquita.

 Pedro: Pues, con vuestro permiso, yo también.

 Mi padre se quitó el bañador y dejo a la vista una buena polla. La suya era casi igual de larga que la mía (18 y pico), pero algo más gruesa. Ya la tenía un poco levantada.

 Isabel: ¿Qué pasa? Cuando nos desnudamos no se pone así – mirando a Irene – eso es culpa tuya.
 Irene: - riéndose – Eso me demuestra que lo que dice de mí es cierto y que no lo hace por cumplir.
 Pedro: ¿Acaso lo dudabas?

 El resto de la mañana lo pasamos en la piscina. Todo hablando y comentando cosas, menos mi padre, que estaba más preocupado por Irene que por otra cosa. Por una parte no me hacía mucha gracia que la mirara así, pero por otro lado había que ponerse en su lugar. Cuando habíamos ido a playas nudistas, muchos tíos se quedaban mirándola, así que lo di por bueno.

 Cuando se acercó la hora de comer, nos vestimos y almorzamos. Después volvimos a casa y dormimos la siesta. Para la cena volvimos a cenar en casa, pero después salimos por ahí a tomar algo. Irene se puso una faldita vaquera corta y una camisa con un escote generoso. Mi madre y Sofía también iban bastante provocativa, pero algo menos. Fuimos a un pueblo cercano en una furgoneta de mi padre y llegamos a un pub no demasiado concurrido. Al llegar nos sentamos en una mesa y empezamos a tomar unas copas. A la segunda copa Irene me sacó a bailar. Tras unos minutos, mi padre llegó y me pidió bailar con ella, a lo que accedí. Al volver a la mesa estaba Sofía.

 Yo: ¿Y mi madre?
 Sofía: No se. Estaba bailando con Luís, pero no los veo. Solo veo a tu padre y a tu chica, y bastante animados. Ten cuidado, que te la quita.
Yo: – riéndome – No creo.

 La verdad es que mi padre e Irene bailaban bastante pegados e Irene no hacía demasiado por evitarlo. Al cabo de unos cinco minutos llegaron mi madre y Luís.

 Yo: ¿Dónde estabais?
 Isabel: Habíamos ido al servicio.
 Yo: ¿Mucha cola?
 Isabel: Si, pero ya ha bajado.

 Sofía y Luís se rieron. Yo no lo cogí, ya que miré hacia mi novia y la vi bailando abrazada a mi padre. Este le decía cosas al oído y ella se reía. Tras unos minutos volvieron a la mesa. Seguimos hablando y bebiendo hasta que volvimos a casa y nos acostamos. Durante el camino de vuelta no hablé demasiado pensando en el baile del pub y lo que me dijo Sofía de que tuviera cuidado, pero al llegar a casa decidí olvidarlo y no darle mayor importancia, pensando que había visto cosas que no eran para tanto.

 Por la mañana me levanté a eso de las diez y media. Irene no estaba en la cama. Bajé a la cocina y allí me encontré a mi madre.

 Yo: ¿Dónde está Irene?
 Isabel: Con tu padre. Quería ver los animales que hay y tu padre se los está enseñando.
 Yo: Ah… vale. ¿Llevan mucho tiempo?
 Isabel: No, unos quince minutos. ¿Por qué?
 Yo: No, por nada.

 En ese momento llegaron riéndose.

 Irene: Hola, ¿hace mucho que te has levantado?
 Yo: No, hace poco. ¿Y tú?
 Irene: Hará una hora más o menos.
 Yo: ¿Viendo animales?
 Irene: Sí. Quería ver lo que hay por aquí.

 No me hizo mucha gracia la forma en que sonreían y menos después de lo que había pasado la noche anterior con el baile. La verdad es que me estaba incomodando la situación, pero trataba de disimular y no decir nada para no crear una situación violenta. Mis padres e Irene se llevaban bien y yo estaba muy a gusto con Irene y no quería estropearlo.

 Durante la comida y toda la tarde, mi padre no paraba de mirar a Irene. Mi padre se sentó al lado de Irene cuando fuimos a comer; yo me fui a sentar al otro lado, pero mi madre me dijo que la dejara ponerse allí, así que puse en frente de Irene (la mesa era redonda). Durante el almuerzo pude ver como mi padre le ponía la mano sobre los muslos de Irene y que ella no hacía mucho por evitarlo. Su mano colocada allí duraba poco pero lo repitió varias veces. Durante la cena siguieron con ese "juego", pero esta vez pude ver menos, ya que vinieron a cenar Sofía y Luís y a mí me toco el sitio más lejos de Irene y mi padre que volvía a estar a su lado. Al terminar la cena, mi madre propuso jugar a las cartas.

 Isabel: ¿Qué os parece si jugamos a las cartas?
 Pedro: Vale.
 Irene: Sí, me parece bien.
 Isabel: Vale, voy a buscarlas y jugamos al cuadrado.

 La verdad es que en un primer momento no me agradó la idea, pero luego me pareció bien para olvidarme de los pensamientos.

 (Antes de seguir voy a hacer un pequeño paréntesis para explicar en qué consiste el juego por si alguien no lo conoce. Se juega por parejas y todos se ponen en círculo con tu pareja enfrente. Cada uno tiene 4 cartas y se ponen 4 cartas boca arriba en el centro. Cada jugador puede cambiar una carta de su mano por otra del centro, las veces que quiera, como si quiere cambiarlas todas, y todas las cartas que se encuentren en el centro pueden ser cogidas por quien quiera. El objetivo del juego consiste en conseguir cuatro cartas del mismo número. Si alguien ha conseguido las cuatro cartas del mismo número tiene que, mediante alguna contraseña previamente establecida, hacérselo saber al otro para que este diga CUADRADO. Entonces el que tiene las 4 cartas iguales las enseña para verificar y así obtiene un punto. Gana la pareja que más puntos consiga, estableciéndose como límite el que cada una quiera. La dificultad radica en que el resto de jugadores puede decir CORTO CUADRADO cuando pueda interpretar que alguna pareja tiene cuadrado. Al decir esto tendrá que indicar la pareja a la que se refiere, ganando el punto si es cierto y dándole el punto a la otra pareja si es falso. Evidentemente se puede hacer gestos para engañar a los otros y forzar a decir CORTO CUADRADO cuando es mentira y así ganar el punto. Si llega el momento en el que nadie quiere las cartas del centro, estas 4 se cambian por otras 4 del resto de la baraja.)

 Como veis el juego no tiene demasiada dificultad. Mi madre fue a buscar las cartas, pero al volver trajo las cartas, una botella de whisky y 6 vasos.

 Isabel: Vamos a darle un poquito de emoción y diversión al juego. José e Irene, nosotros solemos jugar de un forma un tanto especial.
Pedro: Sí. Nosotros jugamos a quince puntos, pero negativos. Es decir, pierde el que llegue a 15 y gana el que menos consiga. Si una pareja gana la mano, no se le suma nada y al resto se le suma 1 punto. Entonces todos, menos los que han ganado la mano, se tomaron un chupito bien cargadito de whisky.
Sofía: El juego sigue así hasta que se llega a los 10 puntos. Es ese momento, cada punto de más implica que hay que quitarse una prenda como castigo, para lo cual cada uno debe llevar cinco prendas encima. La pareja que llegue a 15 se quedara desnuda y habrá perdido, ganando los que menos puntos tenga, los cuales tendrá derecho a ponerles un castigo a los perdedores.
Isabel: Bueno, ¿qué os parece?
Irene: Por mi vale, me parece… interesante.

 A mí no me hicieron gracia las nuevas reglas que habían metido. Pero cuando iba decir algo, mi padre me interrumpió.

 Isabel: Bueno, ya que todos estamos de acuerdo, vamos a hacer las parejas. No vale estar con tu pareja esposo o novio.
Pedro: Irene, tú ponte conmigo. Isabel, tú ponte con Luís y Sofía con José.

 No sabía que decir, pero todos parecían estar de acuerdo.

 Sofía: Ven. Vamos a ver qué contraseña hacemos.

 No me apetecía jugar, pero todos querían y no quería estropearlo. Me senté en la mesa y decidí que tenía que evitar que perdieran mi padre e Irene. Teniendo en cuenta como estaba la situación, tenía que perder yo. Podía empezar a decir "corto cuadrado" sin sentido, pero eso iba a resultar demasiado evidente, así que decidí hacerlo de manera más sutil.

 Empezamos a jugar y las manos se fueron sucediendo una tras otras hasta. Empecé concentrado y perdí unas veces, pero con lo que me estaba tomando me costaba concentrarme en el juego. Cuando me quise dar cuanta mi madre exclamó.

 Isabel: ¡Habéis llegado a 10!

 Se refería a Irene y a mi padre. Yo había empezado perdiendo, pero después gané algunas. Cuando me quise dar ellos tenían 10 puntos, Sofía y yo 6 puntos y mi madre y Luís 4. ¡No habían ganado ninguna! Es verdad que Irene no sabe jugar muy bien, pero mi padre sí y, aún así, no habían ganado 1 partida. La siguiente mano la gano la pareja de mi madre, así que les tocaba quitarse algo, pero como hacía calor mi padre solo llevaba tres prendas (camiseta, pantalones y calzoncillos) e Irene cuatro (camiseta, pantalón, sujetador y braguitas), así que seguirían bebiendo hasta que se quitaran algo. Con 11, 7, 4 jugamos otra mano. Tras coger un par de cartas, iba a decir corto a mi novia para perder y así ellos ganar, pero Irene se adelanto y se lo dijo a mi madre. Era falso, así que me toco tomarme otra al igual que a Sofía y a mi padre, pero Irene no. Ella tenía que quitarse algo. Se levanto y, mirando a mi padre, se quitó la camiseta dejando ver un bonito sujetador negro. Todos la jaleaban mientras lo hacía y se volvió a sentar. Con 12, 8, 4 la siguiente mano, para mi desgracia la gano Sofía al darse cuenta de lo que tenía mi madre. Otra vez perdía Irene.

 Isabel: ¡Dale, Irene! A este ritmo te quedas en bolas y todos con ropa.
Irene: Todos no. Tu marido también.

 Pedro: Cierto.

 Mi padre se levantó y se quitó la camiseta, mientras que Irene se quitaba los pantalones. Mi novia en ropa interior y todos mirándola. Como podéis imaginar las siguientes dos manos las perdieron ellos (el resultado final fue de 15 mi padre e Irene, 9 Sofía y yo, y 6 mi madre y Luís. Cuando perdieron la penúltima, mi padre se levantó y se quitó los pantalones bastante rápido. Por su parte Irene se levantó y se desabrochó el sujetador muy despacito (he de reconocer que ver a Irene así y el alcohol me la puso dura) tapándose con las manos un poco las tetas.

 Pedro: ¡Vamos! ¡Enséñalas!

 Irene dejó caer el sujetador dejando a la vista sus preciosas tetas. En la siguiente mano, como volvieron a perder, se levantaron los dos y se pusieron uno al lado del otro.

 Pedro: A la de tres nos lo quitamos, ¿vale?
 Irene: Venga
 Todos (menos yo): Una, dos ¡tres!.

 Los dos cumplieron y se lo quitaron rápidamente y de golpe. Mi padre dejo ver una polla tiesa, Irene la vio y se río.

 Irene: ¿Así te la pongo?
 Pedro: Ya ves.
 Irene: Buena herramienta.

 Los dos se dieron un pequeño abrazo. A mí no me hacía ninguna gracia aquello, ver a tu novia desnuda abrazarse con tu padre también desnudo, ambos alegres por haber perdido. Yo me levanté con la idea de marcharme a la habitación.

 Yo: Irene, me voy a dormir. Te espero en la cama.
 Isabel: Espera. Todavía queda el castigo. Los ganadores, nosotros, tenemos que poner el castigo – tras hacerse un poco la interesante – Mañana estaréis todo el día desnudo.

 ¡¿Cómo?! Esta era el colmo. Ya estaba en la puerta del salón, todos empezaron a reírse y a hablar. Fui a decir algo, pero pasé. Me largué y me fui a la cama. Me tumbé y traté de pensar un poco. Esto se estaba pasando de la raya. Una cosa es llevarse bien con tu nuera, y otra verla desnuda y que te pongas cachondo.

 Estaba ensimismado con mis pensamientos cuando, pasados unos diez minutos desde me acosté, entró Irene. Traía la ropa en la mano, la muy zorra no había tenido tiempo de ponérsela. La tiró encima de una silla y se metió en la cama desnuda (hacía mucho calor).

 Yo: ¿Te parece bien lo que ha pasado?
 Irene: ¿A qué te refieres?
 Yo: ¿A qué va a ser? A que te exhibas en bolas delante de mi padre y se la pongas dura.
 Irene: ¿Qué quieres que haga yo? Era un juego y esa eran las reglas. Además, siempre dice que estoy muy buena, y tu padre es un tío. Es una reacción normal.
 Yo: ¿También es normal los abrazos y las miraditas?
 Irene: ¡Pues sí! ¿Qué pasa? ¡Tu padre es un tío y la verdad es que no está nada mal! ¡Si puedo me lo follo! ¿Es eso lo que quieres que te diga? ¡Pues ya lo he dicho!
 Yo: Pero, ¿qué dices? Estás borracha.
 Irene: Puede que sí o puede que no. Pero ahora déjame tranquila que quiero dormir.

 Como ya dije Irene es bastante provocativa y lanzada, aunque creo que se pasó de la raya. La deje dormir y yo también me dejé dormir. A la mañana siguiente me levanté e Irene seguía dormida. Me fui a la cocina y allí estaba mi madre.

 Isabel: ¿Qué pasa? ¿Has dormido bien?
 Yo: Sí.

 Cogí un poco de leche y algo de pan tostado. Al poco llegó mi padre desnudo. Al verlo me extraño.

 Pedro: ¿Qué pasa? La apuesta, ¿ya no te acuerdas?
 Yo: Ahh… ya, claro, la apuesta – joder, no me acordaba de ella.
 Pedro: ¿Y tu novia?
 Yo: ¿Por qué? ¿No la viste ayer lo suficiente?
 Pedro: Sí, pero ver a una mujer como tu novia desnuda es un regalo y de eso nunca me voy a cansar.

 En ese momento entró Irene. Iba desnuda. Se fue hacia mí y me dio un beso, luego busco a mi padre y le dio un beso cerca de los labios y luego le dio otro a mi madre. Después se sentó en la mesa al lado de mi padre, enfrente a mí.

 Pedro: Vaya cara traes. ¿Resaca?
 Irene: Creo que sí. Eso y la cama. Es nueva, pero distinta a mía y me duele un poco la espalda por la parte baja.
 Pedro: Si quieres te doy un masaje para aliviarte. Isabel te lo puede decir.
 Isabel: Sí, es cierto. No es un experto, pero algo sabe.

 Mi padre se levantó y se puso detrás de Irene, que estaba sentada en un taburete. Comenzó a darle el masaje a lo que Irene respondió cerrando los ojos. Durante el masaje me pareció ver como mi padre bajaba más de la espalda y le acariciaba culo. Me levante como si fuera a buscar un poco de agua y pude ver cómo era verdad. Mi padre le estaba acariciando el culo y le daba igual.

 Yo: Creo que ya es suficiente.
 Pedro: ¡Hay que ver lo aguafiestas que eres! Deberías relajarte un poco y no estar tan tenso. Bueno, me voy al corral, luego vuelvo. Antes me voy a vestir – mirando a Irene – no quiero llenarme de mierda.
 Irene: No te preocupes, lo entiendo.

 El resto de la mañana siguió tranquilo. Irene se paseo por toda la casa desnuda y mi padre la pasó haciendo sus cosas en el corral y con los animales. A la hora del almuerzo mi padre volvió, ya desnudo, y comimos. Al terminar nos fuimos al salón a ver una película. Mi padre e Irene se sentaron en el sofá central, medio tirados, de forma que solo cabían los dos. Mi madre y yo nos sentamos en el otro. Puso una película, pero yo estaba más pendiente de donde estaba la mano de mi padre y qué hacía Irene. Cuando llevábamos unos 20 minutos de película mi madre me dijo que la acompañara a la cocina.

 Yo: ¿Qué quieres?
 Isabel: Siéntate.
 Yo: – sentándome – Tú dirás.
 Isabel: ¿Sabes? Creo que tú no eres ciego ni tonto. Así que supongo que te habrás dado cuenta del jueguecito que tienen tu padre e Irene.

 Yo: Sí.
 Isabel: ¿Y qué opinas?
 Yo: No me siento muy cómodo. Ver a tu novia y a tu padre tonteando no es algo que me llame la atención. Por cierto, ¿tú qué opinas?, ¿te parece bien?
Isabel: Sí.
 Yo: ¡¿Cómo?! ¡¿Estás hablando en serio?!
 Isabel: ¡Calla!, no grites tanto. Mira hijo, te voy a contar una cosa. Tu padre y yo, desde hace algún tiempo, practicamos el intercambio.
Yo: ¿Intercambio?
 Isabel: Sí. Desde hace un par de años. Por ejemplo, con Sofía y Luís. Tu padre se ha acostado varias veces con Sofía y yo con Luís. El otro día, en el pub, cuando decías que no me encontraba, estaba en los servicios chupándosela a Luís.
 Yo: ¿Es serio? Esto no me lo esperaba.
 Isabel: Pues ya ves.
 Yo: ¿Y para qué me cuentas esto?
 Isabel: Primero, para decirte que no me importa que tu padre tontee o se acueste con otras, yo también lo hago. Segundo, Irene. A tu padre le gusta Irene desde que la vio. Y está claro lo que quiere.
Yo: Pero Irene no quiere acostarse con él.
 Isabel: ¿Está seguro? ¿Cuántas mujeres conoces que se desnuden delante de un hombre, dejen que se rocen, que la toquen, que la miren, que le digan lo guapa que está, las tetas que tiene y después de todo eso este sentada al lado de ese hombre, los dos desnudos? Tu novia, te guste o no, es un poco puta. A ella le gusta esto, si no ya lo hubiera detenido. Además, el otro día me dijo que no le importaría follarse a tu padre.
 Yo: ¡¿Cómo?!
 Isabel: Sí, es cierto.

 Yo: Pero, ¿mi novia quiere ponerme los cuernos con mi padre?... ¿Qué hago?
Isabel: Mira. Cuando dos personas quieren follar, terminan follando. Según veo, tienes dos opciones. La primera es entrar en el salón, empezar a decir barbaridades y cogerte un enfado monumental. Esto provocará que tu novia se enfade, que tu padre se enfade, que lo dejéis, que te vayas y que follen. La segunda opción, es aceptarlo, darle tu aprobación. Tu padre te estaría muy agradecido y tu novia estaría contenta, no tendrías que romper y ellos follarían mucho más tranquilos.

 Yo: Por tus palabras deduzco que prefieres la segunda opción. Que sea un cornudo consentido.
 Isabel: Mira. Como te he dicho antes, tu novia es un poco puta. Por cómo se ha portado aquí, me imagino que hará por ahí. Creo que es mejor saber que tu novia se acueste con otros y que ese otro sea alguien que conozcas a que lo vaya haciendo por ahí sin tu saberlo. Con tu padre no corres el riesgo de que te deje por él, y sabes quién se la folla. Si la quieres, que creo que sí, sabrás que es la mejor opción. Además, a lo mejor disfrutas, hay mucha gente que le gusta ver a sus esposas o novias folladas por otros. Entra en Internet y lo verás. Contestando a lo que dijiste antes, quiero que seas un cornudo consentido, al menos esta semana. Lo que yo haría sería salir y dejar que hicieran lo que quieran. Cuando os vayáis a casa, hablas con Irene y decides lo que quieras, pero no lo estropees con tu padre por dos días.

 Mi madre se levantó y se fue al salón. Yo me quedé unos minutos esperando en la cocina. No quería enfadarme con mis padres y lo que decía mi madre de que cuando dos quieren follar follan es cierto. Tras pensarlo mucho decidí seguir el consejo de mi madre. Les dejaría y ya el martes hablaría con Irene. Me fui al salón y me senté. Los tres se quedaron mirándome. Yo no dije nada y me puse a ver la película. Pasados unos minutos, mi padre comenzó a acariciarle las tetas a Irene mientras ambos me miraban. Viendo que yo no hacía nada, mi padre bajó su mano hasta el coño de Irene. Esta abrió las piernas y mi padre comenzó a jugar. Viendo que no había reacción por mí parte. Mi padre beso a Irene mientras con una mano le tocaba las tetas y con la otra el coño. Irene dejo escapar varios gemidos. Mi madre estaba como si nada. Al cabo de un par de minutos pararon. Los dos se quedaron quietos mirándome.

 Pedro: José. Tienes una novia estupenda y me encantaría follármela. ¿Me das tu permiso?
 Yo: – tras unos segundos en los que mire a mi madre y esta me dijo sí con la cabeza – Sí.
 Irene: Gracias cariño. No sabes las ganas que tengo de meterme esta polla. Me encanta que me dejes follar con otro.
 Pedro: Bueno – mirando a Irene – Despídete de tu futuro novio cornudo y vamos a hacerle crecer unos buenos cuernos.
 Irene: Adiós, futuro novio cornudo. Me voy a follar con tu padre.
 Pedro: Y tú, hijo. Despídete de tu novia. Deséale una buena follada.
 Yo: Adiós.
Irene: Adiós, ¿qué más?
 Yo: – sin casi mirarles – Que tengas una buena follada.
 Pedro: Vamos a hacerlo en vuestra cama, para que sea el primer polvo de la cama.

 Mi padre e Irene se fueron hacia la habitación. Yo me quede en el salón con mi madre viendo la película sin pensar en nada. A los pocos minutos empecé a escuchar gritos de Irene y mi padre: "Dame más fuerte, folla a la novia de tu hijo" "Hazle un buen cornudo" etc. Mi madre me miró.

Isabel: Has hecho lo que debías.
Yo: Creo que no era necesaria esa humillación por parte de ambos.
Isabel: Da igual. Es su juego. Tú síguelo y ya está. Ahora se trata de que ellos disfruten. Si es lo que quieren, hazlo y ya está.

 Yo seguí viendo la película. A la media hora más o menos, mi móvil sonó. Era Irene: "Ven". Me levanté del sofá y me dirigí a la habitación. Cuando entre Irene esta boca abajo con mi padre encima metiéndosela por el culo.

 Pedro: Entra. Solo queríamos que vieras como se la meto por el culo. Me ha dicho que a ti no te dejaba.
 Irene: Mmm… Sigue… ¡Mira a la puta de tu novia follada por tu padre! ¡Esto es follar y no la mierda que tú me haces! ¡Lárgate y déjame! ¡Ya ye avisaré!

 Me volvía al salón. Me senté y seguí viendo la película que ya no me interesaba lo más mínimo. ¿Cómo era posible lo puta que se había vuelto Irene de repente? Decidí pasar de todo. Que hicieran lo que les dieran la gana. Tras casi dos horas desde que se fueron en las que supongo que lo harían varias veces, el móvil volvió a sonar. Era Irene: "Ven, y tu madre también". Se lo dije a mi madre y fuimos a la habitación. Al llegar Irene estaba tumbada en la cama boca arriba con las piernas abiertas y mi padre besándola a su lado.

 Irene: Túmbate aquí a mi lado. Quiero que me comas el coño con leche calentita de tu padre.
 Yo: ¡¿Qué?! ¡Eso, no!
 Isabel: ¿Para qué he venido?
 Pedro: Para ver cómo el cornudo de tu hijo se come la corrida de su padre del coño de la puta de su novia.
 Irene: Vamos, a que esperas.
 Yo: No quiero.
 Isabel: Venga, hijo. Si está rico. A lo mejor te gusta. No le hagas este feo a tu novia. Ella quiere.
 Yo: Paso.
 Irene: Si no haces lo que te digo, te dejo. Tu veras qué haces.
 Yo: No lo dices en serio.
 Irene: Creo que en estos dos días te he demostrado de lo que soy capaz, así que no me pongas a prueba.

 La seriedad de su cara me hizo ver que iba en serio. Cuando Irene iba en serio siempre ponía esa cara. Yo no quería que me dejara. Tras varios minutos, decidí tragarme el poquísimo orgullo que me quedaba y dije que sí. Irene seguía tumbada para evitar "derramar" mi premio. Me tumbé e Irene se giró rápido y puso su coño en mi boca. Me cayeron varias gotas de semen.

 Irene: ¿A qué esperas? Chupa.

 Como pude comencé a chuparle el coño. Era asqueroso.

 Irene: Eso es.
 Pedro: ¡Que buen cornudo tiene!
 Irene: Ya ves.
 Isabel: Que bien lo chupa. Estoy muy orgulloso de ti hijo. Sigue hasta dejarlo limpio.

 Cuando terminé me levanté y me fui al baño a quitarme ese sabor tan asqueroso mientras ellos seguían hablando en la habitación.

 Yo me fui al salón y mi madre llegó.

 Isabel: Tu padre e Irene se están duchando.
 Yo: – de mala gana – Gracias por la información.
 Isabel: Te voy a contar una cosa. Todo lo del juego de cartas y el baile estaba preparado.
 Yo: ¿Preparado?
 Isabel: Sí. Como te dije, a tu padre le gusta Irene. Cuando fueron a ver los animales la otra mañana, tu novia se la chupó a tu padre y fue ahí cuando decidieron que se pondrían de acuerdo. Me lo contaron a mí y organizamos el baile, el juego de cartas y…
 Yo: ¿Qué más?
 Isabel: La pequeña charla que tuvimos tú y yo en la cocina.
 Yo: ¿Me habéis tendido una trampa?
 Isabel: ¡No! Solo queríamos conseguir algo y ¡lo conseguimos! La verdad es que casi todo lo que dije es verdad.
 Yo: Pero, ¿por qué?
 Isabel: Tienes que disfrutar. El follar con la misma persona cansa. Hay que variar. Y eso no tiene que significar que se rompa un matrimonio. Yo quiero a tu padre y lo voy a seguir queriendo igual después de haberse tirado a Irene. Igual que él me quiere cuando me acuesto con Luís o con otros. Y si a tu novia le gusta el rol de cornudo consentido, pues dáselo.

 Después de aquello me quede pensativo y todo se tranquilizó un poco, aunque esa noche Irene se la pasó toda follando con mi padre, lo mismo hasta que nos volvimos a casa.

 Al llegar Irene me dijo que me fuera preparando que, a partir de ahora, me iba a convertido en el cornudo más cornudo del mundo y que teníamos que visitar a mis padres más a menudo. Por mi parte, estoy tratando de digerir el que mis padres hayan "convertido" a mi novia en una auténtica puta y, de vez en cuando, me llaman para convencerme de que la deje hacer lo que quiere y que disfrute, aunque yo no lo tengo demasiado claro. Es cierto que me gusta un poco esta nueva Irene, pero no al extremo que lo lleva y menos que me recuerde continuamente que le dé las gracias a mi padre por follarla tan bien. ¿Quién iba a pensar que mi padre se iba a tirar a mi novia en mis narices?


Categorias

Paginas

Articulos Relacionados

Articulos Mas Vistos

Nuevos Comentarios

Recomienda Superrelatos a Tus Amigos

Tu Nombre:

Correo de Amigo:

Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación: